Icono del sitio Binarias

Estrecho de Ormuz – Petróleo a 100 dólares y estanflación

Estrecho de Ormuz - Petróleo a 100 dólares y estanflación

Estrecho de Ormuz. Hay momentos en los que varios problemas se juntan y el resultado empieza a preocupar de verdad, eso es justo lo que está pasando ahora con el precio del petróleo, la guerra entre Estados Unidos e Irán y el miedo creciente a una nueva estanflación en la economía de EE. UU.

No estamos hablando solo de un barril más caro o de un susto geopolítico pasajero. Estamos hablando de una disrupción histórica del suministro de crudo, del cierre del estrecho de Ormuz, de una inflación que sigue por encima del objetivo de la Reserva Federal y de un mercado laboral que ya venía perdiendo fuerza antes de este shock.

Glosario del contenido del artículo:

Invierte en Petróleo hoy y aprovecha en nuestro bróker recomendado

Lo que hace especial esta crisis, y también mucho más delicada, es la combinación. El petróleo estadounidense llegó a superar los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022.

Al mismo tiempo, cerca del 20% del suministro mundial de petróleo lleva 9 días afectado por la paralización del tráfico de petroleros a través de Ormuz, y encima el colchón que históricamente ayudaba a calmar estas crisis, la capacidad ociosa de grandes productores del Golfo, ahora mismo no está realmente disponible para el mercado global.

Por qué el estrecho de Ormuz se ha convertido en el centro de todo

Si quieres entender por qué el mercado energético está tan nervioso, tienes que mirar al estrecho de Ormuz, ahí está el punto crítico de esta historia. El cierre de esa ruta ha dejado en pausa una parte enorme del flujo mundial de petróleo.

No es una exageración: la interrupción ya afecta a alrededor del 20% del suministro global. Para decirlo claro, 1 de cada 5 barriles que el mercado esperaba mover ha quedado atrapado o alterado por esta crisis.

Y aquí viene lo más incómodo: No solo falta petróleo en el mercado, sino que además los países que suelen aportar la mayor parte de la capacidad de respuesta rápida, sobre todo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, han quedado desconectados del mercado internacional por el mismo cierre de Ormuz.

Es decir, no solo tienes una crisis de oferta; también tienes bloqueado el principal mecanismo que normalmente serviría para amortiguarla.

La mayor disrupción petrolera de la historia reciente

Uno de los datos más fuertes de esta crisis es que ha provocado la mayor disrupción de suministro de petróleo comparada en su serie histórica. No es una crisis grande más, es la más grande dentro de ese marco de referencia.

La cifra central es muy contundente: 20% del suministro mundial afectado y 0% de capacidad ociosa útil para responder.

La comparación histórica ayuda a ponerlo en perspectiva: En la crisis de Suez de 1956-57, la oferta interrumpida fue del 10% y existía una capacidad disponible del 35% del mundo.

En el embargo árabe de 1973, la interrupción fue del 7% y había un 8% de capacidad libre. En la revolución iraní de 1978-79, el golpe fue del 5% y la capacidad ociosa también era del 5%.

En la Guerra del Golfo de 1990-91, la disrupción fue del 9% y quedaba un 4% de capacidad. Ahora, en cambio, el mercado afronta un impacto del 20% sin red de seguridad real, honestamente eso explica buena parte del miedo actual.

Invierte en Petróleo hoy y aprovecha en nuestro bróker recomendado

Petróleo a 100 dólares: por qué este nivel pesa tanto

Ver el petróleo en 100 dólares no es solo una cifra llamativa para un titular, ese nivel tiene un peso psicológico, económico y político muy fuerte. Cuando el barril supera esa barrera, empresas, consumidores, bancos centrales e inversores empiezan a recalcular riesgos.

El crudo estadounidense superó los 100 dólares por primera vez desde 2022, aunque luego moderó parte de la subida en la sesión. Aun así, el mensaje para el mercado ya estaba dado.

Y no es difícil entender por qué, la energía está metida en casi todo: transporte, logística, fertilizantes, producción industrial, distribución y consumo diario.

Por eso, cuando sube el precio del petróleo, no solo hablamos de gasolina más cara, también hablamos de presión sobre márgenes empresariales, sobre precios de alimentos, sobre el gasto de los hogares y sobre las expectativas de inflación.

Es una especie de efecto dominó que empieza con el crudo, pero rara vez termina ahí.

El miedo a la estanflación vuelve a aparecer

La estanflación describe un escenario incómodo: inflación alta y crecimiento débil al mismo tiempo. Es uno de los peores entornos para una economía porque complica mucho la respuesta de la política monetaria.

Si bajas tipos para ayudar al crecimiento, puedes empeorar la inflación. Si mantienes una política dura para controlar precios, puedes enfriar aún más el empleo y la actividad.

El petróleo caro y el deterioro del mercado laboral vuelven a colocar ese riesgo sobre la mesa. Erik Norland, economista jefe de CME Group, resume la preocupación diciendo que ya existían muchas presiones inflacionarias (déficits elevados, inflación por encima del objetivo y bancos centrales relajando política) y que a eso ahora se suma un petróleo de 100 dólares por barril.

Y cuando se juntan tantas tensiones, bueno, el fantasma de la estanflación deja de sonar tan lejano.

El empleo en Estados Unidos ya venía mostrando debilidad

Una parte clave de este tema, y creo que es de las más importantes, es que el problema no empieza con el petróleo. La economía de EE. UU. ya venía enviando señales de cansancio en el mercado laboral.

En febrero se perdieron 92.000 empleos y la tasa de desempleo subió al 4,4%. Además, el empleo venía mostrando un patrón de estancamiento desde comienzos de 2025.

Hay otra cifra todavía más reveladora: el crecimiento total del empleo en todo 2025 fue de 116.000 puestos, apenas 5.000 menos que el promedio mensual del año anterior.

Y sí, leído así suena bastante fuerte, porque significa que en todo un año se creó menos empleo del que antes se generaba, más o menos, en un solo mes promedio, eso no equivale por sí solo a una recesión, pero sí habla de una desaceleración importante, y si a un empleo flojo le sumas un shock energético, el riesgo macroeconómico crece bastante.

Inflación del 3% y objetivo del 2%: la Fed sigue sin estar cómoda

Mientras el empleo da señales de debilidad, la inflación tampoco ha desaparecido del mapa. La inflación subyacente medida por el indicador preferido de la Reserva Federal seguía en el 3%, un punto porcentual por encima del objetivo oficial del 2%.

Puede parecer poca diferencia, pero para la Fed ese margen importa muchísimo. No es un detalle menor, es la diferencia entre “casi controlado” y “todavía no”.

Y aquí está el verdadero lío, si el petróleo se mantiene caro, la inflación puede dejar de mejorar al ritmo esperado o incluso tomar un nuevo impulso, entonces la Reserva Federal tendría menos margen para bajar tipos, aunque el mercado laboral se esté debilitando.

Es justo el tipo de escenario que pone a un banco central entre la espada y la pared, porque ninguno de sus 2 objetivos (inflación estable y empleo sólido) está del todo a salvo.

Invierte en Petróleo hoy y aprovecha en nuestro bróker recomendado

La Reserva Federal, atrapada entre 2 problemas

Antes del ataque de EE. UU. e Israel sobre Irán, los mercados esperaban que la próxima bajada de tipos llegara en junio y que hubiera al menos otro recorte antes de final de año, pero después del shock petrolero, esas expectativas cambiaron.

El primer recorte ahora se desplaza a septiembre, con julio como el escenario más temprano, y además desaparece la apuesta por una segunda bajada en 2026. La tasa implícita de fondos federales al cierre del año pasó a 3,21% desde el 3,64% actual.

Esto importa muchísimo porque muestra cómo el mercado interpreta la situación: la Fed podría verse obligada a esperar más tiempo antes de aflojar la política monetaria, y eso suele pesar en renta variable, en deuda y en expectativas de crecimiento.

Eugenio Aleman, de Raymond James, lo definió como probablemente el peor escenario para la política monetaria, porque vuelve a mezclar la crisis iraní con la posibilidad de estanflación.

El 35% de probabilidad que hizo saltar alarmas

Ed Yardeni elevó al 35% la probabilidad de un episodio de estanflación estilo años 70. No es una predicción de certeza, claro, pero tampoco es una cifra que el mercado pueda ignorar.

Un 35% ya obliga a mirar esta crisis con otros ojos, sobre todo porque llega después de varios años en los que la economía estadounidense ha tenido que absorber pandemia, inflación, guerra en Ucrania, tensiones comerciales y ahora una crisis energética de escala histórica.

A mí me parece que ese dato resume bastante bien el momento actual, no significa que el peor escenario ya esté aquí, significa que el margen de error se ha estrechado, y cuando eso pasa, cualquier movimiento en el precio del petróleo, cualquier novedad sobre Irán o cualquier cifra de inflación y empleo se vuelve mucho más importante de lo normal.

Lo que puede pasar con el crecimiento económico

Algunos indicadores fuera del mercado laboral siguen mostrando resistencia. La Fed de Atlanta estaba estimando un crecimiento del PIB real del 2,1% para el segundo trimestre.

Es menos que en los 3 trimestres anteriores, sí, pero sigue siendo crecimiento. Además, tanto manufacturas como servicios se mantenían en expansión en febrero.

Eso es importante porque ayuda a no sobreactuar, la economía no aparece retratada como una economía rota, sino como una economía más vulnerable, y hay una gran diferencia, lo que muestran los datos es un entorno todavía activo, pero con menos margen para absorber otro golpe prolongado.

O sea, el crecimiento aún existe, pero la resistencia depende mucho de cuánto dure esta crisis energética y geopolítica.

El consumo aguanta, pero ya muestra señales mixtas

También hay una señal interesante en el frente del consumo, las ventas minoristas de enero cayeron un 0,2%. No es un desplome, desde luego, pero tampoco es una señal brillante en un momento en que el consumo ya es esencial para sostener la economía de EE. UU., dado que representa más de dos tercios del motor económico del país.

Y aquí entra otra vez el petróleo. Si llenar el depósito cuesta más, ese dinero sale de otra parte, menos ocio, menos compras discrecionales, más prudencia en el gasto.

A veces el deterioro no aparece de golpe en un solo dato espectacular; a veces se filtra poco a poco, casi sin hacer ruido. Primero el combustible, luego el transporte, después el supermercado, luego la sensación de que todo cuesta un poco más, y así se enfría el ánimo del consumidor.

Invierte en Petróleo hoy y aprovecha en nuestro bróker recomendado

La Reserva estratégica de Petróleo no basta para resolver el problema

Uno podría pensar que la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos podría compensar gran parte del golpe, pero su capacidad es limitada frente a una interrupción de esta escala.

La reserva cuenta con 415 millones de barriles, aproximadamente el 58% de su capacidad autorizada total de 714 millones. Rapidan Energy considera que es un recurso finito e insuficiente para compensar por completo el petróleo atrapado en el Golfo Pérsico por el cierre de Ormuz.

Eso no quiere decir que no sirva. Sí sirve, y mucho, para ganar tiempo y amortiguar parte de la tensión, pero no reemplaza de forma estructural una ruta crítica cerrada ni la falta de capacidad ociosa mundial.

Es una herramienta de contención, no una solución completa (y el mercado lo sabe), por eso, aunque la Casa Blanca asegure que los mercados siguen bien abastecidos y que actuarán si hace falta, la calma todavía está lejos de ser total.

Por qué el G7 y la Agencia Internacional de la Energía están bajo presión

Cuando una crisis petrolera se queda sin respuesta rápida del lado de la oferta, la presión se traslada enseguida a las reservas estratégicas de los países desarrollados, lo que explica por qué los miembros de la Agencia Internacional de la Energía podrían verse forzados a liberar inventarios. Básicamente, es la única opción de respuesta que queda en este momento.

De hecho, los ministros de Finanzas del G7 se reunieron para discutir una liberación coordinada de petróleo desde sus reservas, pero al menos en ese momento, Francia señaló que todavía no había una decisión tomada, y eso también manda una señal al mercado: existe preocupación, sí; existe debate, también; pero una respuesta coordinada todavía no está completamente activada.

En momentos así, cada día cuenta, y el mercado tiende a reaccionar antes de que lleguen las soluciones.

La duración del conflicto lo cambia todo

Si hay una idea que sobresale por encima de casi todas las demás, es esta: la duración del shock será clave.

Si la situación con Irán se resuelve en pocas semanas, el impacto sobre inflación, empleo y crecimiento probablemente será más limitado, pero si el conflicto se prolonga y el precio del petróleo sigue alto durante bastante tiempo, entonces sí podría aparecer un deterioro más serio.

Jim Caron, de Morgan Stanley Investment Management, lo planteó de una manera muy clara: al principio, el petróleo caro genera un susto inflacionario; pero si ese precio alto se mantiene, entonces el miedo pasa del lado de la inflación al lado del crecimiento, y ahí es cuando el mercado empieza a moverse en “modo estanflación”.

Me parece una forma bastante buena de explicarlo, porque deja ver que no es solo el nivel del petróleo lo que importa, sino el tiempo que permanece ahí arriba.

Invierte en Petróleo hoy y aprovecha en nuestro bróker recomendado

Salir de la versión móvil